Bendito Dios, dueño y Señor del universo entero, hoy dispuesto en tu presencia quisiera primero contemplar lo bello de tu amanecer. Me detengo unos minutos a pensar en los detalles que le pones al cielo, a mi habitación, a mi cuerpo con el soplo de vida, y me siento tan afortunado Señor, que quiero darte muchas gracias por tan preciados regalos.